
El quería escribir algo erótico, pero no sabe.
Las palabras se le han derramado por los pechos de ella, y se han alojado entre los encajes de unos caprichosos cabellos
que anuncian unas lenguas de terciopelo, tan calidas como húmedas.
Y ella no se las devuelve. Dice que en su interior han explotado, anunciando un placer tan ansiado como ausente.
El mira mientras ella se ducha, y se quita la tinta.